El destello del Delta del Llobregat

El día 28 de febrero de 1852 hacía su entrada al puerto de Barcelona el vapor correo Barcelonés de la compañía «Administración de los Vapores Españoles Mallorquín y Barcelonés» e iba al mando del alférez de navío D. Grabiel Medinas. El pequeño vapor realizó la travesía entre Palma y Barcelona en 23 horas y en sus bodegas traía una variada carga de maquinaria, fruta, café, ganado, correo y 18 pasajeros. Tan pronto hubo llegado se abrió registro para el viaje de vuelta a Palma, en la prensa se publicó la hora y día previsto de salida para que todo aquél que quisiera realizar algún envío o viajar a las Islas Baleares tuviera el tiempo necesario para prepararse hasta el dia 1 de marzo a las siete de la tarde.

Faro del Llobregat - Vapor Barcelones - RH
Lámina de Roberto Hernández, el Ilustrador de Barcos, representando la salida del vapor correo Barcelonés una tarde cualquiera que bien podría haber sido el primer día o la primera tarde del encendido del faro del Llobregat

El vapor Barcelonés realizaba un par de veces a la semana este viaje, se combinaba y complementaba con el vapor Mallorquín pero esta escala sería un poco diferente ya que el 1 de marzo de 1852, el día de la partida del vapor Barcelonés, se encendería de forma oficial el nuevo faro del puerto de Barcelona erigido en la desembocadura del río Llobregat, faro que a día de hoy aún guía a los marineros y los aleja de los peligros de la costa.

El faro del Llobregat

De la necesidad de señalizar los arenales del Delta del Llobregat nació la farola del Prat proyectada por el ingeniero y director del puerto Simón Ferrer en 1845, su lámpara se encendió por vez primera el 1 de enero de 1852 pero no sería hasta dos meses más tarde cuando su luz se encendería oficialmente y guiaría, hasta nuestros días, a todos los barcos y marinos que se aproximaran al puerto por la desembocadura del río Llobregat.

Está construido sobre el emplazamiento y los cimientos de una antigua torre de vigía del siglo XVI llamada «Torre de la punta del río», que a su vez fue derruida y convertida en fortín y batería en 1693, sita en la orilla izquierda en la desembocadura del río Llobregat. Su luz era de segundo orden, su lente era del tipo Fresnel catadióptrica y su luz giratoria realizaba una revolución completa cada seis minutos con eclipses de treinta en treinta segundos. La lámpara emitía un color de luz natural desde una altura de 116 pies castellanos sobre el nivel del mar (unos 34 metros) y era visible a una distancia de 18 millas, aumentado a 21 millas en la actualidad. En 1903 con la construcción del faro de Monjuich se planeó su destrucción y derribo a favor del nuevo, pero se salvó por una ventaja de la que no disponía el faro de la montaña, en condiciones de niebla espesa el faro del Llobregat conservaba su utilidad y visibilidad pero en cambio el de Montjuich la perdía.

Faro Llobregat - Port BCN
Plano del faro del Llobregat (vía web del Puerto de Barcelona)

Con las sucesivas ampliaciones del puerto, el faro ha quedado absorbido por el mismo pero lejos de apagarlo aún sigue en servicio. En 2001 se le instaló una estación de GPS diferencial con un alcance de 100 millas, mediante este sistema se consigue corregir las posiciones erróneas propias del sistema GPS.

Far del Llobregat
El faro del Llobregat en la actualidad (imagen de Antoni Casinos Va)

Este no fue el único y primer faro del puerto de Barcelona, con anterioridad se erigió la «Torre de la Llanterna» o Torre de la Linterna, su construcción fue terminada en 1772 sobre un antiguo baluarte y sustituyó a la anterior linterna de recalada construida en 1616. En 1842 se instaló en la Torre de la Linterna una luz giratoria y en 1855 fue reemplazada por un aparato de sexto orden con una luz visible a nueve millas y al cargo de dos fareros. Otros usos que se le dieron a esta instalación durante su vida operativa fueron las de comandancia de marina, caseta de prácticos, despacho de pasaportes e incluso control sanitario.

Moll de la Riba - Neptuno
El Muelle de la Riba con su característica estatua de Neptuno y al fondo la Torre de la Linterna (La marina catalana del vuitcents)

Tampoco hay que olvidar al antes mencionado faro de la montaña de Montjuich, en el año 1906 se construyó una estructura provisional con una luz de cuarto orden y en 1915 se reemplazó la linterna de combustión de petróleo por una luz incandescente visible a 30 millas. Finalmente en 1922 se iniciaron las obras de construcción de un nuevo edificio obra del arquitecto José Cabestany, que se terminaría e inauguraría en 1925, actualmente se conserva en perfecto estado, el único cambio desde su inauguración fue la instalación de un grupo electrógeno y una baliza de emergencia dotada de un prisma giratorio con una autonomía de 20 días.

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Por su privilegiada posición en la ladera Este de la montaña a 108 metros sobre el nivel del mar tiene un mayor alcance que el faro del Prat (imagen de Antoni Casinos Va)

Por último mencionaré un faro ya inexistente, el del rompeolas, que fue construido ante la constante ampliación y evolución del puerto en la punta del dique del Este y terminado en 1930. Era un faro de cuarto orden y estuvo operativo hasta 1968 fecha de su demolición a causa de la continua expansión del dique, hoy en día denominado Muelle Adosado.

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Parte de este viejo faro fue utilizado para construir el antiguo restaurante de Portacoeli, abierto al público desde 1926 hasta el año 2000, también desaparecido en la actualidad

El vapor correo Barcelonés

Fue construido en 1848 en los astilleros Bagué en la Villa de Blanes, bajo la atenta dirección del maestro de ribera y propietario del astillero, José Vieta Burcet. Los astilleros de Blanes son considerados, junto a otros cercanos, la cuna de la marina catalana y desde sus playas se lideró la construcción de todo tipo de veleros y pequeños vapores. Sin embargo las nuevas navieras emergentes como la Cía. Trasatlantica pronto monopolizaron la mayoria del comercio marítimo con nuevos y potentes vapores, y poco más tarde la constitución de la Maquinista Terrestre y Marítima terminó por lapidar la construcción de los antiguos astilleros de Blanes. Sin embargo hubo tiempo de construir algunos pequeños vapores y el Barcelonés fue uno de ellos.

Josep Vieta - MMB
Maestro de ribera José Vieta Burcet (Museo Marítimo de Barcelona)

El casco del Barcelonés estaba construido en madera y bajo la línea de flotación se forró con cobre. Sus dimensiones (según la fuente consultada) era de 42 a 47 metros de eslora por 7,6 metros de manga y 3 metros de puntal. Desplazaba unas 174 toneladas y era propulsado por una máquina a vapor de 91 caballos de potencia que conectada a sus dos ruedas de palas le daban una velocidad máxima de 9 nudos. Además contaba con una ayuda extra, el viento, gracias a su aparejo de goleta o pailebote.

Vapor Barcelones
Ilustración del Barcelonés del libro «Vapores de las Islas Baleares»

Si no fuera por su chimenea y sus ruedas de palas poco o nada se diferenciaba de los demás veleros de la época y así fue durante un tiempo cuando la vela convivió con el vapor.

En cuanto a su habitabilidad interior se hizo todo lo posible para que sus pasajeros viajaran lo más comodamente posible. Disponía de dos cámaras, una a proa para caballeros y otra a popa para las señoras, y los camarotes tenían la misma separación por sexos. Además los pasajeros disponían de un espacio compartido en forma de salón con una fonda en donde podían disfrutar de todo tipo de pastas, frutas, vinos y licores para ayudar a que la travesía fuera más amena.

Sus primeros propietarios fueron los empresarios barceloneses Maristany, Roig, Serra Parladé y Güell que utilizaron al vapor para comerciar por la costa catalana y francesa. En 1850 lo vendieron a la sociedad de D. Miguel Estadé y fue utilizado para realizar la ruta entre Palma y Barcelona primero y más tarde se añadiría otra línea con Ibiza. La dura competencia creada por el otro vapor correo llamado Mallorquín obligó a crear una nueva sociedad llamada «Administración de los Vapores Españoles Mallorquín y Barcelonés», por este medio se ponía fin a la rivalidad que no hacía más que perjudicarles y comenzó una explotación colaborativa de las rutas entre las Islas Baleares y Barcelona.

En la actualidad

Hoy en día los viajes por mar hacia y desde las Islas Baleares son infinitamente más comodos que durante las travesías de los primeros vapores y su disponibilidad es mucho mayor que antes. A mediados de siglo XIX a lo sumo las compañías existentes, y dejando a un lado los veleros, tan solo ofrecían dos viajes a la semana con sus vapores correo, a pesar de los intentos por dar la mayor comodidad posible a sus pasajeros, dichas travesías no dejaban de ser una pequeña aventura. Aunque eran propulsados con una máquina de vapor iban ayudados y apoyados por su aparejo y su escasa velocidad les permitía cruzar el mar balear en un tiempo aproximado de entre dieciséis a veinte horas como poco. El vapor Barcelonés acostumbraba a llegar al puerto de Barcelona con las primeras luces de la mañana y tras dos o tres días, previo aviso en prensa de su capitán para todo aquel que quisiera embarcar, partían por la tarde repitiendo así el ciclo a menos que tuviera una avería.

Puerto de Barcelona - 1856
En el puerto de Barcelona a mediados de la década de 1850 ya podían verse algunos vapores, como el Piles de la Armada o el Remolcador construido en Barcelona (Ayuntamiento de Barcelona)

Como contraste, en la actualidad, cinco o más (dependiendo de la temporada) son los buques que provienen regularmente de las Baleares, el tiempo de su travesía oscila entre 7 u 8 horas y de unas 4 horas para los fast-ferries. Las instalaciones de los actuales ferris son infinitamente mejores que la de sus antecesores, los camarotes tienen todas las comodidades posibles y para los menos exigentes estos buques disponen de confortables butacones para viajar como si de un avión se tratara.

Eleanor Roosevelt 03 - 03-06-2021 - ACV
El fast-ferry Eleanor Roosevelt de Baleària es la última expresión en buques que conectan la península con las Islas Baleares (imagen de Antoni Casinos Va)

Pero por muchas comodidades que se ofrezcan, viajar en barco siempre será mucho más clásico y romántico que un rápido vuelo en avión.

 

Vapor

 

 

Más información:
El faro del Llobregat en la página web del Port de Barcelona
Artículo de Xavi Casinos «El faro del fin de Barcelona» publicado en la sección Barcelona Secreta en el diario La Vanguardia
Libro «Vapores de las Islas Baleares» de Ramon Sampol Isern disponible para consulta en la Biblioteca del Museo Marítimo de Barcelona