Tal día como hoy de 1893, a las nueve y media en punto de la mañana, llegaba al puerto de Barcelona el crucero de madera francés Iphigénie, procedente de Gibraltar. Al mando iba el capitán Jules Joseph Lefévre, el cual ordenó realizar el saludo al cañón: 21 salvas al cruzar la bocana del puerto, saludo que fue contestado por las baterías del castillo de Montjuich. El Iphigénie fondeó en la escollera del Este y, en ese lugar, permanecería hasta el día 27 de febrero.

El buque escuela fue un crucero de primera clase derivado de la clase Naïade y construido en madera en los astilleros franceses de Brest, siendo botado en 1881 y entregado en 1883. Tenía un desplazamiento de unas 3.346 toneladas, con una eslora de 73,2 metros; su propulsión era mixta, a velas y a máquina de vapor, de la que embarcaba una de unos 500 caballos de potencia.
El Iphigénie estaba en pleno viaje de instrucción, con origen y destino en Brest, partiendo el día 6 de octubre de 1892 para finalizar el crucero el 21 de julio de 1893. La ruta los llevaría a recalar en los puertos de Madeira, Tenerife, Dakar, La Martinica; navegaron por Las Antillas, Gibraltar, Barcelona, Tolón, Italia, Corfú, Zante, Tesalónica, Esmirna, Malta, Túnez, Argel, Lisboa, Ferrol, Rochefort, Quiberon y Brest como final de viaje. A bordo del ‘Iphi’ viajaba un joven guardiamarina llamado Joseph Blot, que, gracias a su diario personal, nos dejó una descripción, como si de un turista moderno se tratara, de la ciudad de Barcelona.
Su ruta no fue muy distinta a la de muchos visitantes de hoy en día: en tres días recorrió las Ramblas, la catedral, el barrio de Gracia, el parque de la Ciutadella, el Arco de Triunfo, las calles del Eixample e incluso el cementerio del Poble Nou.
Más detalles sobre esta visita en el artículo de este blog: Un paseo por la Barcelona de finales del siglo XIX.





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