El 2 de julio de 1919 partía del puerto de Barcelona el buque mercante Mirotres, inaugurando de este modo su nuevo servicio periódico con escalas en Palma de Mallorca e Ibiza, llegando al puerto de Palma al día siguiente.

(imagen vía revista Navegación-BNE)
Su carrera fue muy corta, apenas un año y un mes. A pesar de ser un buque experimental, navegó por la costa catalana y hasta el sur de Francia transportando carga de cabotaje. Sin embargo, su principal innovación lo condenó al fondo del mar, dejando tras de sí una huella histórica en la construcción naval española.
Los barcos de cemento
Su origen hay que buscarlo a mediados del siglo XIX, cuando el inventor francés Joseph‑Louis Lambot creó un material al que llamó “ferciment”, consistente en mortero de cemento reforzado con hierro o malla metálica, precursor del hormigón armado moderno. En 1848 construyó una pequeña barca de pruebas empleando ese material y la probó en un estanque de su propiedad en el sur de Francia. Con ella demostró que este cemento podía utilizarse para construir embarcaciones, y tras patentar el invento, la barca fue expuesta en la Exposición Universal de París de 1855.
Sin embargo, el invento quedó apartado de la construcción naval en favor de la madera y el acero, y no fue hasta una crisis que los arquitectos navales volvieron a plantearse construir barcos con este material. Debido a la escasez de recursos materiales por la Primera Guerra Mundial y ante la necesidad de reponer rápidamente las flotas mercantes mundiales, como la estadounidense, pronto se diseñaron nuevos buques construidos con hormigón armado.

(Naval History and Heritage Command vía Wikimedia Commons)
En 1917, el presidente Woodrow Wilson aprobó la construcción de 24 buques de cemento dentro del programa Emergency Fleet Corporation (Corporación de Flota de Emergencia), que contó con un presupuesto de 50 millones de dólares. No obstante, antes del final de la guerra solo lograron terminarse 12 buques. Algunos de estos fueron el mercante Faith de 1918, los petroleros Selma y Palo Alto de 1919 y el Atlantus.
El Mirotres
En España se construyó uno, el Mirotres, gracias a la Sociedad Construcciones y Pavimentos S.A., que quiso expandir su línea de negocio con la construcción de buques de hormigón armado. Por tanto, el Mirotres fue en parte un experimento para comprobar sus métodos y materiales de construcción y su operatividad una vez hubo entrado en servicio. Con vistas al futuro, esta empresa tenía previsto la construcción de otros cinco buques de unas 1.200 toneladas en la playa de Malgrat.
Fue construido en unos astilleros improvisados en la playa de Sant Adrià del Besòs. El resultado fue un buque de 33 metros de eslora, 7,3 metros de manga y 3,5 metros de calado. Su desplazamiento era de 405 toneladas y podía transportar unas 200 toneladas de mercancías. Era propulsado por un motor Bolinder de 120 HP que le daba unos 8 nudos de velocidad.

(imagen de la colección del Museu Marítim de Barcelona)
La ceremonia de su botadura se realizó el 15 de agosto de 1918, botadura efectuada de costado debido a la falta de fondo para una botadura tradicional. Durante la maniobra, el Mirotres sufrió un percance al ser golpeado su casco por un trozo de madera que le abrió una vía de agua, quedando varado en la playa; posteriormente fue reparado.

(imagen de la colección del Museu Marítim de Barcelona)

(imagen de la colección del Museu Marítim de Barcelona)
Tuvo una corta vida. Tras su primer viaje inaugural a Palma, y según la página web Les finestres del temps, parece que no volvió a Palma y se limitó a realizar viajes de cabotaje entre Barcelona y Tarragona, con puertos del sur de Francia como Sète, Port‑Vendres y Marsella.
Sobrevivió a grandes percances en la mar, como el de la madrugada del 18 de febrero de 1920, cuando estuvo a punto de naufragar frente a Barcelona a causa de un temporal que llevaba días azotando la costa. Al pedir auxilio, acudió en su ayuda el barco bomba Llobregat, con el práctico a bordo. Al Mirotres le fallaba la máquina y le era imposible alcanzar la bocana del puerto; por otro lado, el Llobregat no pudo salir a causa del temporal y logró asistir al buque de cemento con las primeras luces del día, llevándolo a remolque al interior del puerto.

(imagen de AFCEC-MDC)
Pero no pudo evitar el temporal sufrido el 5 de agosto de 1920 frente a la costa del sur de Francia, cerca de Port‑Vendres. El Mirotres navegaba con rumbo a Port‑Vendres y Cette, procedente de Tarragona, con un cargamento de vino. Durante la travesía se levantó un fuerte temporal que puso en serias dificultades al pequeño carguero. El buque comenzó a embarcar agua y la situación se volvió insostenible para la tripulación, que se vio obligada a abandonar el barco. La tripulación logró ponerse a salvo, mientras que el buque se dio por perdido.

(imagen de AFCEC-MDC)
En investigaciones posteriores se determinó que el hormigón armado, que resiste muy bien los esfuerzos de compresión y puede trabajar a flexión gracias a la armadura metálica, es menos adecuado para soportar deformaciones repetidas y continuas, como las sufridas por un buque en alta mar. A diferencia del acero, mucho más dúctil y elástico, los cascos de hormigón tienden a fisurarse cuando esas tensiones superan cierto límite, lo que puede provocar la aparición de diversas vías de agua que comprometan la supervivencia del buque.

Más información:
Artículo El hormigón en la construcción naval y la botadura del Mirotres en la página web Vida Marítima de Vicente Sanahuja
Artículo Barcos de ferrocemento en la página web Navegar es preciso de Román Sánchez Morata vía WayBack Machine




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