El 16 de diciembre de 1929, el vigía marítimo del castillo de Montjuic dio el aviso de la llegada de un barco que nunca creyó que daría. Sobre las 10 de la mañana se dibujó en el horizonte la inconfundible silueta de un barco vikingo, se identificó como el Roald Amundsen de Noruega. Por fortuna, ya quedó atrás la Edad Media, cuando vigías similares tenían que dar aviso de la llegada de estas naves cuyo único fin era atacar las poblaciones costeras y saquear.

(vía Barcelona Atracción-ARCA)
El año de la Exposición de 1929 el puerto de Barcelona recibió visitas interesantes, además de las escuadras presentes durante la inauguración de la exposición y del tráfico comercial habitual, llegó el buque de defensa de costa danés Niels Juel, el crucero Königsberg alemán, los acorazados USS Arkansas, USS Utah y USS Florida estadounidenses y/o el yate Elettra de Marconi.
Ahora era el turno de este curioso barco vikingo cuyo objetivo era demostrar que aquellas embarcaciones podían volver a navegar largas distancias en tiempos modernos, como una prueba práctica de navegación tradicional y como recordatorio de la antigua técnica marinera de los pueblos nórdicos.
El Roald Amundsen
El promotor y propietario fue el capitán y aventurero noruego Gerhard Folgerø, conocido por sus travesías transatlánticas en réplicas de embarcaciones vikingas durante las décadas de 1920 y 1930, quien encargó la construcción de un knarr vikingo (mercante) a Johan Petersen y su hijo Knut Petersen-Øverleir. Su intención fue la de demostrar que era posible cruzar el océano Atlántico en un bote abierto con vela mayor, tal y como lo hicieron en el pasado sus antepasados y mucho antes que Cristóbal Colón.
Su construcción se llevó a cabo entre 1928 y 1929 en Olderneset (Korgen, Nordland, Noruega). El resultado fue una embarcación de unos 18 metros de eslora por 4,80 metros de manga. Era propulsada por su aparejo, además de un motor diésel auxiliar de 10 HP.

(imagen de la Biblioteca Universitaria de Bergen)
El barco vikingo, bautizado con el nombre de Roald Amundsen, fue puesto a flote el 8 de mayo de 1929. Navegó con el barco por Europa y por la costa española, recalando en Sevilla y Barcelona. Luego intentó emular la ruta seguida por Cristóbal Colón para cruzar el Atlántico y llegar a América dos meses después. Una vez llegados al Nuevo Mundo, remontaron el Mississippi hasta Minneapolis, donde los esperaban miles de personas.

Tras esta aventura, Folgerø volvió a Noruega y allí les alcanzó la Segunda Guerra Mundial. Gerhard Folgerø utilizó su barco para ayudar a evacuar refugiados hacia Shetland, hasta que los alemanes los capturaron. Folgerø sufrió las consecuencias del cautiverio en Noruega y Alemania, y su barco quedó almacenado. Durante unos años intentaron preservarlo, pero los esfuerzos resultaron en vano. Del Roald Amundsen solo se salvó el mascarón de proa con la cabeza del dragón y algunos escudos, que pueden verse en el vestíbulo del Instituto Sandnessjøen.

Más información:
Artículo «Gerhard Folgerø» de Gunnar Eldjarn publicado en la página web de la Gran Enciclopedia Noruega




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