Un fuerte temporal azotó la costa barcelonesa a principios de 1908. Zarparon muy pocos buques, ya que sus capitanes no querían correr demasiados riesgos; otros, en cambio, se resguardaron en este puerto ante el peligro de continuar en la mar. Este fue el caso del contratorpedero francés Carabine, que procedía del puerto de Tánger y se dirigía a Tolón, viéndose obligado a recalar durante unos días en el puerto de Barcelona.

El Carabine en Tolón
(imagen de Marius Bar vía Wikimedia Commons)

El Carabine no dejaría mucha huella en el puerto de la Ciudad Condal; tal vez su visita solo la recordaría el pobre marinero francés que, durante las operaciones de amarre, cayó al agua dándose un frío chapuzón. Pero este contratorpedero sería recordado en su país de origen por otro motivo: el suceso protagonizado por Charles Benjamin Ullmo, implicado en un caso de espionaje que conmocionó a Francia y que acabaría con su reclusión en la Isla del Diablo.

Este contratorpedero pertenecía a la clase Arquebuse, fue construido en el Arsenal de Rochefort, botado el 21 de julio de 1902 y entregado en mayo de 1903. Desplazaba 320 toneladas, con 58 metros de eslora, y estaba propulsado por dos máquinas de vapor de triple expansión de 6.300 CV de potencia que, conectadas a dos ejes, le permitían alcanzar una velocidad máxima de 30 nudos. Su armamento constaba de un cañón de 65 mm, otros seis de 47 mm y dos tubos lanzatorpedos de 381 mm.

Tuvo una vida corta, ya que su baja se adelantó al 8 de enero de 1919 a causa de un accidente al chocar con el mercante inglés Mentor. El Carabine sufrió graves daños en la proa y en el puente de mando y, aunque en un primer momento se contempló su reparación, finalmente se decidió darle de baja y venderlo para desguace.

Más detalles sobre esta escala e historia en el artículo de este blog: Un huésped para la Isla del Diablo.

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