El submarino S-11 y la boya de Génova

El día 16 de junio de 1962 se reunieron en el puerto de Barcelona tres generaciones de submarinos de la Armada española que estaban realizando un viaje de instrucción. Procedentes de Cartagena recalaron en el puerto de la ciudad Condal los submarinos Almirante García de los Reyes (S-31), S-11 y G-7, que atracaron en el Muelle de Bosch i Alsina y por unos días sus tripulaciones descansarían en la ciudad.

Submarinos S-11 y Almirante García de los Reyes (Museo Marítimo de Barcelona)

Aficionados y curiosos dirigieron sus miradas y cámaras fotográficas a los tres submarinos visitantes, el primero que llamaba la atención era el Almirante García de los Reyes (S-31) que con su apariencia de submarino atómico se llevaba todas las miradas. Este fue uno de los primeros submarinos norteamericanos transferido a la Armada española, fue puesto a flote en 1944 con el nombre de USS Kraken (SS-370) y aún tuvo tiempo de participar en la Segunda Guerra Mundial.

El Almirante García de los Reyes navegando por aguas del puerto de Barcelona (imagen de Galilea)

El segundo era el G-7, un auténtico U-Boot alemán, y es que sería botado en 1941 con la denominación de U-573 y participó en cuatro patrullas durante la guerra para la Kriegsmarine. En abril de 1942 un ataque de la Royal Air Force lo deja gravemente dañado frente a Cabo Palos y se refugia en Cartagena en donde quedó internado. En 1942 sería adquirido por la Armada y se incorpora a la flota.

El submarino G-7 estaba atracado no muy lejos de sus compañeros (imagen Armada española)

El tercero era el más veterano, al menos desde que se puso en marcha el proyecto de construcción, era el S-11 perteneciente a la clase D de submarinos. No fue una serie muy agraciada, aquejada de diversos problemas técnicos y deficiencias de seguridad, pero al menos sirvió como escuela de submarinistas hasta la llegada de la ayuda americana y de los submarinos de la clase Balao.

El S-11 abarloado al costado del Alm. García de los Reyes (imagen de Galilea)

La serie D de submarinos

La serie D de submarinos fue una problemática familia cuyo origen se remonta a los tiempos de la república española a principios de los años treinta. En esa década se buscaba modernizar y potenciar la flota del Arma Submarina de la Armada que contaba con los exhaustos primeros cuatro submarinos de su historia, el Isaac Peral más los tres de la clase A, que comenzaron a retirarse del servicio a partir de 1931. Por otro lado desde 1922 la Armada contaba con los seis submarinos de la clase B de diseño italiano construidos en España y a partir de 1928 se incorporaron otros seis de la serie C. Con la nueva serie D se esperaba que mejorara cualitativamente a la flota submarina a medida que la serie B se volviera obsoleta y se retiraran los submarinos.

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Submarino B-1 (imagen de Casaú vía Archivos históricos de la región de Murcia)
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Vieja postal del submarino C-1

Sin embargo, pronto aparecieron los primeros retrasos, estos nuevos submarinos fueron diseñados desde cero en España, y aun teniendo la experiencia de la construcción de la series B y C la nueva serie D supuso un reto para los astilleros españoles. Pero lo peor estaba por llegar, la Guerra Civil española paralizó la construcción de los submarinos que en 1934 ya estaban puestos en grada con la quilla instalada. Durante años acumularon óxido en la grada y para cuando terminó la Guerra Civil se intentó dar un empujón al proyecto ya quedaban muy pocos submarinos operativos, y en 1940 se reanudó la construcción de las serie D, no obstante, comenzaba otra guera, la Segunda Guerra Mundial que complicó al extremo la adquisición de materias primas y suministros para los submarinos.

Finalmente con un tremendo retraso el primer submarino de la serie, el D-1, sería puesto a flote el 15 de mayo de 1944 y causaría alta el 17 de marzo de 1947. Pero aquí no terminaron los problemas de la serie D, solo habían comenzado. Debido a los retrasos y a la mala calidad del acero el cabeza de serie, el D-1, había nacido con sobrepeso, aquejaba problemas en la estabilidad transversal y su cota de inmersión se redujo de los 80 metros planeados a los 50. Carecía de una electrónica moderna para la época en la que fue dado de alta y su armamento constaba de torpedos alemanes G7 de 533 mm. y un cañón de cubierta de 88 mm. Además incluía una innovación tecnológica probada en 1930, el “ascensor submarino”, que era básicamente una boya de rescate con capacidad para una persona.

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Fotografía de Casaú del submarino D-1 navegando por aguas de Cartagena.

Debido a estas deficiencias la Armada relegó a la serie D a un segundo plano, asignándolos a tareas de instrucción. Cuando llegó la ayuda americana dos de los tres submarinos de la serie D fueron modernizados, los D-2 y D-3, salvando las distancias la modernización fue similar a la GUPPY norteamericana. Se modificaron las líneas del casco haciéndolas más hidrodinámicas y silenciosas, se les instaló electrónica como un radar y un sonar, pero no se les instaló un esnórquel y perdieron el cañón de cubierta.

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El S-22, ex D-2, después de la modernización (imagen de Casaú)

Aun con la modernización siguieron con sus misiones de adiestramiento y en 1961 perdieron su denominación original de D-1, D-2 y D-3 por la de S-11, S-21 y S-22 respectivamente. Con la llegada de los submarinos de la clase Balao fueron retirándose del servicio progresivamente y el último de ellos, el S-22, causó baja el 2 de febrero de 1971.

El D-1

El 22 de noviembre de 1932 se firmaba la orden de ejecución del programa y la quilla del primer submarino que se denominaría D-1 se instalaba en Cartagena el 23 de noviembre de 1933, su botadura se efectuaría el 11 de mayo de 1944 y su alta se haría efectiva el 17 de marzo de 1947.

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El S-11 navegando por aguas de Barcelona (imagen de Galilea vía Museo Marítimo de Barcelona)

Desplazaba 1.050 toneladas en superficie y 1.375 toneladas en inmersión, su eslora era de 84,2 metros por 6,9 metros de manga y 4,4 metros de calado. Era propulsado por dos motores diésel Sulzer de 5.000 HP. más dos motores eléctricos de 1.350 HP. Su velocidad máxima era de 20 nudos en superficie y de 9,5 nudos en inmersión, con una autonomía de 9.000 millas náuticas a 10 nudos en superficie y 100 millas náuticas a 4 nudos en inmersión. Dotación, 60 tripulantes. Su armamento constaba de 1 cañón en cubierta de 88/45 más 1 ametralladora de 20 mm., más 6 tubos lanzatorpedos de 533 mm. con reserva para 10 torpedos.

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Su base quedó establecida en Cartagena y sus últimos años operativos los pasó asignado a la Primera Escuadrilla de Submarinos Oceánicos (imagen de Casaú vía Archivos históricos de la región de Murcia)

La boya de Génova

El 21 de julio de 1930 en aguas de Cartagena se efectuaron las primeras pruebas de un invento llamado el “ascensor submarino”, o la boya de Génova en referencia a su inventor, con el que se pretendía salvar a la dotación de un submarino atrapada en el fondo del mar. El invento fue instalado de forma provisional en el submarino C-3 de la Armada, y bajo la dirección y atenta mirada de las autoridades militares a bordo del cañonero Cánovas del Castillo, invento e inventor fueron puestos a prueba.

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Submarino C-3 navegando en superficie (vía revista Mundo Gráfico)

El ascensor se basaba en una boya estanca construida en duraluminio en cuyo interior tenía espacio para un hombre, a su vez la boya estaría conectada al submarino por un cable que accionaría un cabestrante e iba alojada en una esclusa de un compartimento debidamente preparado para casos de emergencia, bien fuera a proa o a popa.

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Planos de la boya de salvamento en el interior de un submarino (revista Vida Marítima)

Una vez el tripulante a evacuar estuviera correctamente instalado en el interior de la boya se abriría la escotilla que la liberaría hasta la superficie y ya fuera de peligro el submarinista podría comunicarse con el submarino con un teléfono para dar aviso de recoger el cable de la boya y bengalas para hacerse visible en superficie. Sobre el papel la boya estaba preparada para ser funcional hasta una cota de inmersión de 200 metros aunque fue probada a 140 metros.

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La boya de Génova en la superficie del mar (vía revista Mundo Gráfico)
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Al terminar el experimento la boya y su ocupante fueron recogidos por un bote (vía revista Mundo Gráfico)

El experimento terminó con éxito y fue el mismo inventor quien se subió a la boya del ascensor submarino, el capitán de corbeta Arturo Génova natural de Barcelona. Génova nació en Barcelona el 2 de marzo de 1889 y con 16 años ingresó en la Armada como aspirante. Su primera gran navegación la realizó en 1909 a bordo de la fragata Asturias y en 1911 logró el rango de alférez de fragata. A partir de ese momento su carrera fue imparable, estuvo embarcado en los cruceros Cataluña y Príncipe de Asturias, y su carrera como submarinista comenzó con el A-2 en 1916, llegando a ser su segundo comandante. Otros de sus destinos fueron el aviso Giralda, el acorazado España, el submarino B-3 y el portahidros Dédalo.

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El capitán de corbeta Arturo Génova a bordo de la boya de salvamento (vía revista Mundo Gráfico)

La creación de su invento coincidió cuando en 1930 ya con el rango de capitán de corbeta fue destinado a la Escuela de Submarinos de Cartagena. Para esas fechas ya habían sucedido gravísimos accidentes con submarinos alrededor del mundo con grandes pérdidas humanas y urgía lograr un método para que sus tripulantes tuvieran una opción de sobrevivir.

Su invento, por su sencillez y poco espacio, pareció gustar a los técnicos de la Armada y decidieron incorporarlo en el diseño de los nuevos submarinos de la clase D recibiendo el nombre de “boya Génova”, pero por fortuna nunca hubo que utilizarlo. Siempre es mejor disponer de estos medios y no tener que utilizarlos nunca, a querer usarlos y no disponer de ellos.

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Cámara de torpedos del submarino D-1 mirando hacia popa, en el centro se observa la escotilla de acceso a la boya de Génova (vía El Arma Submarina 100 años de imágenes 1915-2015)
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Plano de la sección de proa de un submarino de la clase D, en el extremo izquierdo se halla la esclusa de la boya de salvamento (vía Planos históricos de Buques de la Armada)

El capitán de corbeta Arturo Génova se comprometió con su “ascensor submarino” a salvar vidas de submarinistas, pero existieron otros inventores españoles que se unieron a su causa. Uno de ellos fue Adrián Álvarez Ruiz, un ingeniero que inventó una cápsula de salvamento y que en Barcelona la probó en la plaza de toros la Monumental en enero de 1933. Y hubo al menos otro más, el del profesor Francisco Espinosa que probó una cápsula muy parecida a la de Adrián Álvarez en el puerto de Barcelona en octubre de 1934.

Fin de página

 

 

Más información:
Los submarinos de la clase D en el libro «Buques de la Armada española, los años de la posguerra» de Juan Luis Coello Lillo
Descripción del invento de Génova en la revista Vida Marítima del 30 de septiembre de 1931
Biografía de Arturo Génova Torruella en la página web de la Real Academia de la Historia
Libro «El Arma Submarina 100 años de imágenes 1915-2015» del Ministerio de Defensa