El Vigía marítimo del castillo de Montjuich

La madrugada del día 18 de mayo de 1888, Agustín, como cada día desde hacía 35 años subía con su carrito tirado por un borrico el viejo camino hacia el castillo en la cima de la montaña de Montjuich. Una vez llegado al castillo aún le quedan un largo trecho de escaleras hasta lo más alto de la torre atalaya. Él sabía que ese día iba a ser diferente, dado que en los últimos días el tráfico marítimo había aumentado de manera exponencial a medida que se acercaba la inauguración de la Exposición Universal.

Escuadras 1888
Algunos de los buques visitantes para la Exposición Universal (autor desconocido)

Apenas dos días antes llegó la escuadra de Austria-Hungría y algún que otro barco inglés y ruso pero el grueso llegaba el día 18. Él como buen marino experto que era, Agustí Mauri, armado con tan sólo un catalejo pudo señalizar, identificar y dar aviso de llegada de 32 barcos de guerra pertenecientes a las escuadras de Alemania, Francia, Reino Unido e Italia más otros tantos vapores mercantes y de pasajeros citados para la Exposición Universal y aun estaba por llegar la escuadra española. Tan sólo él podía y debía hacerlo ya que era el vigía marítimo de Barcelona, un oficio único que se remonta al lejano siglo XI y que se mantuvo operativo hasta pasada la segunda mitad del siglo XX.

Un oficio de 900 años de antigüedad

Se tiene constancia de la existencia de una atalaya o torre de vigilancia en esa ubicación desde el año 1073, cuando se construyó el Farell. Desde ese primitivo emplazamiento se realizaban señales mediante velas durante el día y con fuego por la noche de la aproximación de buques, básicamente para avisar de posibles incursiones enemigas.

A partir del siglo XV el servicio de guaita o vigía dependía del Consell de Cent (Consejo de Ciento). La selección del vigía era un tanto irregular, normalmente era un funcionario quien ocupaba la plaza vacante pero en algún caso aislado dicha plaza era comprada por un ciudadano el cual tan solo servía en la atalaya durante el día y la noche la pasaba en su casa, descuidando así sus tareas de vigilancia nocturna. Casos como este obligaron a futuros postulantes a prestar juramento y lograr así que los nuevos vigías cumplieran con sus obligaciones.

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Grabado de Antony van den Wyngaerde de la ciudad de Barcelona en 1563 con la torre del vigía de Montjuich.

Más adelante se logró que la plaza vacante fuera sorteada entre marinos mas así también se hacía un poco de trampa poniendo los nombres de algunos marinos cercanos al Consell de Cent.

En ocasiones eran dos los vigías que moraban y se turnaban en la atalaya, algunos de ellos cayeron fulminados por los rayos de tormentas, hasta que en 1475 un rayo no sólo mató al vigía sino que también destruyó la torre. A partir de ese momento, además de reconstruir la torre, se construyó al lado una pequeña casa de menor altura unida a la torre mediante un pequeño puente levadizo en donde los vigías podían refugiarse en caso de tempestad sin riesgo alguno.

Sin embargo esta nueva medida pronto se pervertiría después de la denuncia de un sacerdote de la basílica de Santa María del Mar. Este sacerdote aprovechó un sermón dominical para advertir a los fieles de ciertas actividades y fiestas que tenían lugar en la torre del y por el vigía y sus acompañantes aprovechando el puente levadizo y la intimidad que ofrecía.

Las señales

El sistema de señales original se trataba tan sólo ocular, cuando el vigía avistaba a un barco rápidamente bajaba la montaña lo más rápido posible para avisar al Consell, luego había que volver a subir.

A partir del siglo XVI se instaló el primer sistema de señales o semáforo específicamente diseñado para tal fin. Este consistía en tres mástiles en forma de triangulo con el vértice en el suelo, un mástil estaría orientado hacia la costa de levante, el opuesto hacia poniente y el tercero sería el mástil central. Los mástiles de los extremos servirían para indicar de qué lado de la costa procedían los barcos y el central para los que provenían de mar adentro. Sin olvidar el código de banderas y bolas que indicarían la nacionalidad y tipología de buque.

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Torre del vigía en 1662 denominada como “la mà dels tres dits” o la mano de los tres dedos por los tres mástiles empleados para las señales (Beaulieu Sébastian de Pontault vía Ayuntamiento de Barcelona)

Según fuentes que citan viejas crónicas el rey Carlos I en su visita a Barcelona en febrero de 1519, envió a un caballero de su corte a la cima de la montaña de Monjuich para que el vigía realizara una demostración del sistema, al parecer el monarca español quedó impresionado por la funcionalidad del semáforo.

La fortaleza de Montjuich comenzó a construirse en 1640 y remodelada en 1694, y a partir 1751 comenzó a tomar la forma con el que la conocemos actualmente  conservando la torre de vigilancia en su emplazamiento original.
Desde su torre, con condiciones meteorológicas perfectas, se tiene una visibilidad de unos 60 kilómetros siendo visibles en contadas ocasiones las Islas Baleares.

Otros emplazamientos

Además de la Torre del Farrell, existían otras torres de vigía marítima, una de ellas era la que estaba ubicada en la zona denominada les voltes del guaita, en lo que hoy en día serían las cercanías de la calle del Consolat de Mar frente a la calle dels Orgues detrás de la Casa de la Llotja, lugar en donde tenía su residencia y torre de observación el vigía que entre los siglos XV y XVI prestaba servicio y señalizaba la llegada de embarcaciones que se aproximaban al antiguo puerto barcelonés situado cerca de la entrada Este de las murallas.

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Les voltes del guaita (vía Google Street View)

Más adelante entre los siglos XVI y XVII se emplazó a otro vigía en la antigua farola del puerto y que hoy en día, perdida ya su utilidad original, se denomina la torre del reloj ubicada en el Muelle de los Pescadores.

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Antigua farola del puerto a principios del siglo XX (25235F Museo Marítimo de Barcelona)

Un nuevo vigía un nuevo método

El Vigía Agustí Mauri fue un veterano y experimentado marino, nacido en Palamós el 2 de febrero de 1815 y se estableó en Barcelona desde pequeño. Sus estudios tomaron el camino para convertirse en marino cosa que logró realizar en 1844 al obtener el título de piloto naval. Su pericia marinera fue de sobras demostrada a bordo de la polacra Victoria, del bergantín-polacra Joven Modesta, del bergantín Gerona, del Brillante y de la polacra San Antonio, realizando siete viajes a América. Además obtuvo el mando de dos veleros, el bergantín-goleta Cienfuegos y la polacra San Antonio.
Su vida en la mar se vio interrumpida después de sufrir un accidente en el que casi pierde la vida, un golpe de mar lo expulsó del barco y le rompió una pierna, la dotación del mismo pudo lanzar un cabo antes de perder a Mauri ahogado en el agua. A resultas de este accidente su pierna nunca se curó completamente quedando lisiado y no pudiendo volver a navegar nunca más.

En 1853 tras la renuncia de su hermano Bartolomé al frente del oficio de vigía, el ministerio de Fomento nombró a Agustí Mauri como el nuevo vigía marítimo y fue emplazado en la torre atalaya del castillo de Montjuich.

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Vigía Agustí Mauri (812F Museo Marítimo de Barcelona)

El 28 de abril de 1858 por real orden era aprobado el sistema de señales de telegrafía óptica que él mismo inventó. Este sistema era bien sencillo y efectivo, mediante un mástil que asemejaba al de un barco con dos travesaños en distintas orientaciones, visibles desde la ciudad y desde otras torres de vigilancia y telegrafía óptica, se izaban en sus cables bolas y banderas que en distintas configuraciones y formas codificaban un mensaje. En dicho mensaje se podía transmitir desde la llegada de un vapor de pasajeros a una escuadra entera nacional o extranjera e incluso señales de emergencia en caso de naufragio.

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Una muestra del código de señales inventadas por Mauri

Estos comunicados eran bien recibidos tanto por el estamento militar como los consignatarios y armadores, sin excluir a todo aquel que supiera descodificar el mensaje y estuviera interesado por un barco o una carga concreta.

El sueldo de vigía no era precisamente opulento y por parte del estado tan sólo recibía un escudo y poco más. En 1868 el servicio pasó a manos de la jefatura provincial y del Gobernador, sufragando los gastos y su sueldo la Junta de Obras del Puerto. El vigía por su parte logró aumentar su salario gracias a la contribución, a cambio de información, de las navieras y consignatarios adscritos a una lista de suscripción.

Tal era la precariedad de su oficio que el material empleado para su trabajo era obtenido de la paciente recolección de todos aquellos elementos navales como boyas, cabos, cuerdas y telas sobrantes de los buques atracados en el puerto que él mismo se encargaba de solicitar en persona.

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Montaña de Montjuich con el castillo en lo alto alrededor de 1880 (Narcís Cuyàs vía Ayuntamiento de Barcelona)

Agustí Mauri moría en 1897 pero no antes sin dejar un sucesor, éste sería su yerno Domingo Brugué, también un antiguo marino que ejercería de Vigía hasta 1914.

Los últimos Vigías

El siguiente vigía sería el ayudante de Domingo Brugué, el ex-militar Antonio Domingo Parra natural de Granada y llegado a Barcelona después de ser licenciado de Filipinas, donde combatió resultando herido y hecho prisionero. A su llegada a España fue premiado con la Cruz de Merito Militar con distintivo rojo y con la Medalla de Sufrimientos a la Patria y en 1915 se convirtió en vigía marítimo de Barcelona.

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Antonio Domingo Parra (revista Destino)

El antiguo telégrafo óptico dejó de funcionar durante la guerra civil y en su lugar para informar de las llegadas se empleó un sistema más moderno y rápido, el teléfono.

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Torre y caseta del vigía en los años ’30 (Josep Badosa Montmany vía Ayuntamiento de Barcelona)

Como sus anteriores compañeros de oficio, Antonio Domingo, tampoco recibía más jornal que el que le daban las navieras y consignatarios, más el plus que conseguía de los clientes que captaba gracias a un anuncio en la guía telefónica ofreciendo la información que él mismo podía comunicar por vía telefónica a cualquier interesado.

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Patio de armas del castillo de Montjuich con la torre atalaya y la caseta del vigía en lo alto en los años ’60 (Francesc Ribera Colomer vía Ayuntamiento de Barcelona)

Pero el tiempo pasa para todos y con la desaparición de Antonio Domingo llegó Agustí Brugués i Mauri, un antiguo capitán de la marina mercante y probablemente último guaita de Montjuich fallecido en 1982.

Los modernos Vigías

Actualmente este servicio es realizado desde otra torre que se halla en el Muelle de la Energía del puerto de Barcelona. Desde esta torre se realiza el seguimiento de todos los barcos que se aproximan al puerto mediante radar y radio.

Ya no hay que fijar la mirada en la cima de la montaña de Montjuich buscando los mástiles y sus señales, de nada sirve llamar al vigía por teléfono puesto que la torre está vacía, tan sólo queda esperar que los modernos vigías anuncien las escalas mediante un método más moderno, Internet.

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Torre de control del puerto de Barcelona (Antoni Casinos Va)

 

Más información:
“Oliendo a brea” de Arturo Masriera
“Historia de Montjuich y su castillo” de Pedro Voltes Bou
Artículo del diario La Vanguardia “En la muerte del guaita – El castillo tiene ojos” firmado por Sempronio del 28 de septiembre de 1962

El telégrafo óptico

En la ubicación del actual Castillo de Montjuich ya existía en la antigüedad una atalaya de observación, este era un punto privilegiado de observación del frente marítimo y de la zona sur de la ciudad, desde esta atalaya se realizaban señales ópticas para advertir de la aproximación de buques en las cercanías de Barcelona. Con el paso del tiempo el castillo se fue ampliando y adaptando para un uso militar de defensa y/o asedio de la ciudad pero siguió conservando su principal misión de atalaya y su torre de observación.
En esta torre se puede observar hoy en día los restos de un antiguo telégrafo óptico que desde 1849 se intentó integrar en la Red de Telegrafía Nacional española.

El telégrafo óptico

Es difícil atribuir este sistema de comunicación a un inventor concreto y la telegrafía óptica no es mas que la evolución natural de distintos sistemas de comunicaciones existentes desde la antigüedad. Aún así, su predecesor más directo podría ser el planteado por el inventor Robert Hooke (1635-1703) que presentó un sistema de comunicaciones a distancia mediante símbolos en la Royal Society en 1684, sin mucho éxito.

Telegrafo de Hooke
Telégrafo óptico de Hooke

Aunque habría que esperar hasta 1792 para que el inventor francés Claude Chappe (1763-1805) y su hermano Ignace Chappe (1760-1829) presentaran a la sociedad francesa y lograran que el gobierno de la I República aprobara un proyecto de construcción de una amplia red de comunicaciones por telegrafía óptica de unos 5.000 kilómetros de extensión. Así pues el primer telegrama oficial que se logró transmitir por este sistema lo hizo en el año 1794 entre las localidades francesas de Lille a Paris (unos 230 kilómetros) a través de 22 torres.

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Telégrafo / semáforo de Chappe

El funcionamiento del telégrafo óptico o semáforo, era muy sencillo, básicamente se trataba de un mecanismo mediante el cual con unos brazos accionados por poleas tomarían diversas formas geométricas codificadas en un libro de señales, en ocasiones podían ser banderolas, barras, o bolas. Este sistema de comunicación no tenía un lenguaje unificado, y en cada región o país se utilizaba un sistema propio.

Esta instalación mecánica debería de estar instalada en lo alto de una torre o construcción similar a una torre y sería operado por un equipo de dos a cuatro personas, su oficio se llamaría el de los torreros. Las torres estarían situadas a una distancia aproximada de unos 5 a 10 kilómetros entre ellas y correctamente orientadas para ser visibles por las otras torres de la línea, por la precedente y la siguiente, mediante un telescopio pequeño o cualquier otro instrumento óptico para ver a largas distancias.
La velocidad del mensaje dependía de la efectividad del personal de la torre, como referencia, un mensaje emitido desde Madrid a Valencia podía tardar menos de una hora en recorrer las 30 torres que formaban la línea.
Este sistema no era perfecto y tenía muchos inconvenientes como por ejemplo la orografía del terreno, las condiciones climatológicas y como no, la oscuridad de la noche. Otro factor importante era el humano, muchos de los torreros debían de trabajar en condiciones realmente duras en lo alto de la torre constantemente pendientes de la siguiente o la anterior torre y en todas las condiciones climatológicas y no hubieron pocos problemas derivados del factor humano.

La Red Telegráfica de España

En España se empezó a construir la primera línea de telegrafía después de que Carlos IV emitiera una Real Orden el 17 de febrero de 1799 para construir la Red Telegráfica de España a cargo del ingeniero militar español Agustín de Betancourt (1758-1824).
La primera línea proyectada transcurriría entre Madrid y Cádiz, aunque por problemas económicos tan sólo cubrió el trayecto de Madrid a Aranjuez y comenzó a ser operativa a partir de mediados del 1800.

Más adelante se construyeron diversas líneas locales, en Cádiz, Sevilla o Madrid, pero no sería hasta 1844 que se retomaría el proyecto original de cubrir todo el territorio nacional con la red de telegrafía óptica.

Torre de Arganda del Rey
Torre de Arganda del Rey con el telégrafo de Mathé

Este proyecto sería encargado al también ingeniero militar español José María Mathé Aragua (1800-1875), no obstante tan sólo se construyeron tres líneas telegráficas:

  • La línea de Castilla con el trayecto Madrid – Irún y 52 torres construidas
  • La línea de Andalucía con el trayecto Madrid – Cádiz con 59 torres
  • La línea de Cataluña con el trayecto Madrid – La Junquera con 30 torres entre Madrid y Valencia entrando en Cataluña por el sur; y de Barcelona a La Junquera con otras 17 torres, esta línea nunca llegó a estar operativa al 100% y tan sólo funcionó en algunos tramos.

Mapa Lineas-Torres

Mapa de las líneas y torres de telégrafo óptico en España, pulsa en la imagen para ampliar (vía COETTC)

La construcción de la red en Cataluña

La línea de telegrafía óptica en Cataluña fue dirigida por José María Mathé y construida por el capitán general de Cataluña Manuel Pavía y finalizada por el general Manuel Gutiérrez de la Concha entre 1848 y 1849. Al haber pocas construcciones de nueva planta, muchos telégrafos fueron instalados en los campanarios de las iglesias y en cualquier otra estructura ya existente en una posición elevada. La red catalana llegó a disponer de 80 torres y una extensión de 800 kilómetros. Las líneas partían desde Barcelona hacia Lérida, Solsona, Lluçanès, Vic y Gerona.
Todavía a día de hoy son visibles algunas de las torres de telegrafía óptica en Cataluña como por ejemplo la “torre del telégrafo” o “torre de los soldados” en la localidad de Avinyó, la “torre de Guardia” en Sant Carles de la Rápita, la “torre de l’Esquirol” en Cambrils, la “torre de la Tossa” en Salou o la “torre del Pretorio” en Tarragona por citar algunos ejemplos.

Torres Catalanas
De izquierda a derecha: torres de Sant Pere Romaní, d’Ordal y Esquirol (vía COETTC)

La ciudad de Barcelona tenía su propia red urbana para comunicar los distintos acuartelamientos de la zona, esta red fue diseñada por el Coronel Leonardo de Santiago para comunicar los acuartelamientos de Montjuich, Ciudadela, Atarazanas, Marqués de la Mina, o el Palacio de Capitanía General.

En la torre atalaya del Castillo de Montjuich se conservan los restos de un antiguo telégrafo óptico formado por un mástil vertical y dos travesaños horizontales en distintas orientaciones, recordando vagamente al mástil de un barco. Desde esta ubicación se debían de recibir los telegramas de la línea Madrid – La Junquera, pasando por Valencia vía Tarragona y entrando en la zona de Barcelona por la torre de Sant Pere Martir. Otra línea de Barcelona partía desde las Reales Atarazanas hacia la torre del Turó de Montcada y ahí se bifurcaba en dirección a las localidades de Sabadell y Vic.

Castillo Montjuich
Torre del Castillo de Montjuich con la instalación del telégrafo óptico (Antoni Casinos Va)

Las líneas de telégrafo catalanas tenían su propio código de lenguaje, incluido el telégrafo de la atalaya del Castillo de Montjuich, este último código fue aprobado en 1858 y era utilizado, como en la antigüedad, para dar aviso e información de los buques que se aproximaban a la ciudad.

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Algunas de las señales del código del telégrafo de Montjuich aprobado en 1858

El ocaso de la telegrafía óptica

A pesar del gran esfuerzo humano y económico por implantar esta red de comunicaciones, en julio de 1853, se desmantelaron todos los telégrafos ubicados en Cataluña debido al escaso uso que se le dio. En Cataluña como ya existía una red propia de telegrafía utilizada mayormente por los militares para combatir a los Carlistas la nueva red apenas se utilizó, e incluso llegó a ampliarse la red existente durante la Tercera Guerra Carlista. Otra de las causas que parece que se esgrimió para el desmantelamiento de la red nacional fue el mal trato dado a unos torreros por parte del Gobernador Civil de Barcelona.

El 8 de noviembre de 1854 la reina Isabel II envió el primer telegrama por telégrafo eléctrico en España y a partir de ese momento el telégrafo óptico empezó a quedar en un segundo plano. Aún tardarían unos años en implementarse en todo el territorio nacional, esta nueva red aprovecharía en parte algunas instalaciones y el personal técnico del telégrafo óptico y en muchas regiones convivirían ambos sistemas de telegrafía.

Curiosamente el telégrafo óptico nunca fue un medio de comunicación muy popular al considerarse de uso militar, por otro lado el telégrafo eléctrico gozaba de una mayor aprobación por parte de la ciudadanía y pronto se expandió su uso para todo tipo de comunicados tanto privados como de administraciones públicas e incluso militares.

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Primer receptor telegráfico eléctrico de 1837

Para saber más:
Historia de la telegrafía óptica en España por Sebastián Olivé Roig
Telegrafía Óptica COETTC
Artículo en Wikipedia sobre el telégrafo óptico